miércoles, 9 de mayo de 2012

EL FANTASMA desde la B56

  Porque el fantasma del hambre...
                                                                                                                                           Se aparece entre mi gente,
                                                                                                                                                           Roque Narvaja
I
Soy pobre.
Eso que los economistas llaman “nuevos pobres”.
Tuve una infancia feliz, en general,
Con clubes y escuelas,
Amigos, juegos y peleas,
Muchos hermanos, padres separados...
Clases de música, teatro y pintura,
Muchos libros para viajar sin moverme,
Y vivir historias ajenas en algunas horas.
Tuve una infancia feliz, llena de mascotas adorables,
Juguetes de nena.
Abuelos y tíos y primos,
Navidades con cenas magníficas y más fuegos artificiales de los que pudiéramos tirar en una noche.

Soy pobre hoy, y que no te apene mi pobreza.
Sé que te cuesta tener lo que tenés,
Tu gran casa en el mejor barrio de la ciudad,
El más antiguo, el más prestigioso.
Sé que te asusta la pobreza, y haces bien,
Por que acecha.
Acordate de que cada vez se corre más allá la línea,
Cada vez somos más los que quedamos de este lado.
Agárrate con uñas y con dientes,
Con todas tus fuerzas a tus pocas riquezas,
Ganadas con el sudor de tu frente.
Córrete cada vez más allá no vaya a ser cosa
Que te quedes de este lado,
Del lado de los que no luchan por un televisor más grande y más plano,
Si no por el pan nuestro de cada día.
Te puede pasar, también,
Caer de este lado de la línea,
Ser parte del porcentaje cada vez más grande
De los que no llegan a fin de mes,
Y de los que no llegan a nada,
Las palabras técnicas son:
Línea de pobreza,
Línea de indigencia.
Sé que no te gusta oír hablar de estas cosas,
Sé que preferís cambiar de canal si alguien pone un pobre en la pantalla.
Sé que te da miedo y lástima,
Y está bien que te de miedo,
Por que también te puede tocar.
Si cada vez hay más pobres en el mundo,
Y los pocos ricos son cada vez más ricos,
¿Qué te asegura que no vas a caer vos también
de este lado de la línea?
En un mundo de pobres,
Ser ricos es una excepción.

(Quisiera yo vivir en un mundo de ricos,
Donde ser pobre sea la excepción.)

II
Ya sé que sos pobre y no tenés la culpa,
Pero sabés qué,
También tenés culpa.

Te encoges de hombros y te guardas el billete.
Vos también tenés culpa.

Nadie es inocente,
Todos estamos manchados de pecado,
En eso tienen razón los cristianos,
Pero no hay agua bendita que nos limpie el alma,
De vivir en un mundo de injusticia.
Nacemos culpables,
Pero también,
Vivimos culpables.
¿Que se puede hacer?
Vaya usté a saber
Hay recursos que no son renovables.
Acá siempre los recursos se agotan.
La plata no alcanza,
La comida no alcanza,
Las bocas son cada vez más.
Los pobres somos cada vez más.
Me duele el hambre
las miradas idiotas
del idiotismo nacido del hambre
los autos de lujo
de los idiotas nacidos de la abundancia

(Quisiera yo vivir en un mundo de ricos,
Donde ser pobre sea la excepción.)


viernes, 4 de mayo de 2012

Apacible B56

Me canso del jazz inquieto y pongo algo del jazz tradicional: Louis Armstrong ¿acaso algo más clásico que el viejo Armstrong? Un jazz alegre que acompaña sin cuestionar. Sin obligarnos a la interrogación necesaria y primigenia ¿de dónde vengo? ¿a dónde voy? Y ¡¿qué carajos hago yo en este lugar?!
Sólo estar, alegremente, al ritmo de la trompeta de Louis y de un tal Johny St. Cyr en contrabajo.
video

Afuera, los chicos escuchan Maná y La Banda de Carlitos

Esc B56 Dpto 255 Devenida pobre

miércoles, 21 de marzo de 2012

Esc C98 Dpto 367 la dealer rechazada

 
Lo conocí en una fiesta en ciudad universitaria y me encantó. A la fiesta habíamos ido con todos los chicos del barrio que son unos resentidos y apenas pudieron armaron bardo, ahí mismo se armó la de san quintín con los estudiantes, pero como yo ya lo había conocido me hice la cheta y me quedé con él, tratando de esconderme un poco pa` que los chicos no me reclamen, aunque escuché que decían ¿dónde esta la Carola? y me lo chapé más fuerte a mi estudiante, para que si me veían no me cortaran el mambo... aunque   seguro me lo cortaban igual y encima le pegaban a mi gil. Pero por suerte no me vieron, o capaz que no capaz que hubiera sido mejor que me vieran y le pegaran.  


Nos fuimos a su casa, que queda casi tan cerca de ciudad universitaria como la mía, e hicimos un amor que me hizo volar... pero cuando nos despertamos estaba apurado porque me fuera...
Unos días después lo fui a buscar, tenía tantas ganas de volver a estar con él, me sentía estúpida, toda enamorada. Pero él nada, él no quería estar conmigo.
y si yo quiero estar con él y él no conmigo ¿que hago? Ahora mismo me iría hasta su casa pero sería al pedo por que él no me recibiría, como la otra noche bajo esta misma lluvia, se quedó parado ahí mirando y yo de este lado, también mirando. Lo invité a que me invite pero él "Prefiero estar sólo no te ofendas". 
No supe por que ofenderme pero me sentí muy triste y me fui a casa bajo la lluvia, me compré una pizza y una porción de papas, todo por que la rotisería me cayó bien por que era chiquita y simple, y para poder quedarme ahí, mirando el viejo matrimonio que lo atiende, y por que estaba triste y por que afuera llueve.
Después me fui, con mi caja de pizza y mi porción de papas me paré en la calle, tábamos todas mojadas bajo la lluvia que ya no era lluvia, por las calles oscuras de ese barrio que es más lindo que el mío, caminé bajo la garúa que mojaba más por dentro que por fuera, que mojaba más los ojos que la cara. Y me senté llorando sola, comiendo pizza y papas y pensando, podríamos haberlas comido juntos.
Y entoncés escribí, en la caja de pizza con el lápiz de ojos: "Tal vez no somos tal para cual ni el uno para el otro ni dos mitades de la misma naranja, ni el par separado en el destierro del paraíso ni almas gemelas.
No sos el hombre de mis sueños, ni mi otra mitad, ni te voy a amar para siempre, ni soy la mujer de tu vida, ni nos queremos casar, ni sos el padre de mis hijos.
Pero hagamos algo juntos, por favor, hagamos algo"



Y no es que con algo me refiriera a eso que ya habíamos hecho él y yo, y no es que no me diera cuenta que éramos distintos los dos, que yo soy del barrio y no puedo más que vender drogas y él es un artista, todo músico él, todo estudiante con su casita que le alquilan los padres y nosotros en nuestra casita de plan que nos vendió el gobierno... pero es que era tan lindo... tenía como un brillo especial en la piel, con el pelo negro y la piel tan blanca y los ojos miel, y los dientes todos parejitos. Y no es que acá en el barrio no haya chicos lindos con los ojos claritos y la piel clarita, aunque en todos lados nos digan negros, pero unos dientes tan blancos y parejos y una piel y unos ojos tan brillantes no se los ví a nadie, ni adentro ni afuera del barrio. Y cómo será que lo quiero, que aunque me despreció como todo el barrio sabe que no se me desprecia... no le voy a hacer nada, nada nadita nada... porque como será de especial que hasta le escribí eso que le escribí en la caja de pizza, que tengo guardada en mi cama, abajo del colchón, toda manchada y grasienta.

Esc B57 "la vida no vale nada"

Vivo al frente de los monoblocs, en el barrio de los jubilados, justito en frente de la B57 en una de esas casitas míseras y pequeñas que hay enfrente, para del lado de la avenida. Ahí vivimos con mi hermana y mis abuelos que están postrados. Todos los días me levanto para ir a trabajar, los abuelos nos criaron y ahora ellos son los que necesitan que los cuidemos. Sus jubilaciones no alcanzan para cubrir todo lo que necesitan, tantos cuidados, enfermeras, inyecciones... yo soy un tipo esforzado, laburador, soy buen tipo, pero no me busques porque me podés encontrar.
Todos los días me levanto 15 minutos antes de lo necesario para fumarme un porro mientras charlo con mis pequeñas canavis y les doy agua de beber. Me tomo esos 15 minutos para estar con ellas y conmigo y compartir mis pensamientos más íntimos con mis adoradas hijas.
Después de estos 15 minutos, los mejores 15 minutos de mi día, después de mi café y mi porro y mi charla con las chicas agarro mi bicicleta y pedaleo las 35 cuadras en subida que me separan de mi trabajo, saludo a mi jefe que es un señor y una señora y me aboco a mis tareas de mecánico en este taller de poca monta que me dio la posibilidad de llevar el pan a casa.
En este lugar nos reunimos todas las tardes con algunos muchachos del barrio -muchachones que se pasan la vida entre drogas y otras actividades ilícitas- a tomar unas birras y contarnos historias.
Por la noche, cuando salgo del trabajo visito un rato a mi novia que esta loca pero igual la amo y después de cenar y mimarnos un poco vuelvo a casa. Algunas noches me quedo con ella, tranquilo por que sé que mi hermana le va a dar su agua y mimos a mis veinte cachorras.
Pero hubo un día que mis abuelos quedaron solos y faltaron ramas y puntas de mis nenas. Estoy  como loco y juro que el día que lo encuentre al hijo de puta que se metió con mis plantas y mi casa le corto las manos y los pies, le saco los ojos... ¡lo mato!
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-Hoy vino N...- dijo mi hermana con su vocesita de tortuga. Prendí un porro y le indique con un gesto que se ocupara de la cena. –me dijo que te diga que no vende más. Ese N... lo detesto, siempre que viene se desubica, después la mujer se lo huele y me carga el asco, al pedo, nunca tendría nada con un tipo como ese...- bla bla bla bla- así que le dije que ya me iba, estoy re cansada, todo el día en la calle y en la facu... bueno querido, ya está la cena, blablablabla. Uf! Mi hermana y sus interminables conversaciones sobre los detalles cotidianos.
Esa noche nos fuimos a dormir, y puedo asegurar que no hubo ninguna visita nocturna por que mi sueño es muy liviano y las plantas estaban al lado de la pared de mi pieza...
Cuando me levanté a la mañana y fui con mi taza de café y mi porro a sentarme con mis plantas... ¡no estaban más! Loco de furia zamarreé a mi hermana ¡¿qué mierda pasó con las plantaaas, ¡PELOTUDA!?!!
-No sé P... no sé...ya te dije que ayer no estuve en todo el día sabes.
Y la idea brotó en mi mente, feliz, certera, y el odio pudo más. ¡FUE ESE HIJO DE PUTA DE N...! ¡es el único que sabía que tengo plantas y sabía que mi hermana no estaba! ¡las arrancó de raíz el hijo de puta, y todavía no era tiempo, se la busco, él se la buscó, hijo de puta hijo de puta hijo de puta, lo voy a matar a él, a su mujer y a su hijo! ¡un año de faso! ¡que mierda se cree! ¡Como bajo la merca, las pastillas! ¡hije de puta!
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Oscurece, ya está suficientemente oscuro, la penumbra nos resguarda.
Estaban los doliacus afuera, tomando el aire fresco de la noche después de un día asfixiante en esa ratonera en la que viven.
Nosotros conseguimos un par de fierros y cara de plancha se choreó un auto, les compré unos peles y pastas los muchachos, y nos fuimos a masacrar a esa familia de hijos de puta.
Una acelerada y una ráfaga fueron suficientes. Emprendimos la huida y abandonamos el auto en otra villa, las armas las guardamos, podíamos reventarlas más adelante.
La venganza ha sido consumada.
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Cuando la ahora ex mujer de N... logró recuperarse, intentó investigar quienes habían asesinado a su hijo, quería vengarse pero realmente no sabía contra quien.
Visitó a mi hermana, en toda la villa es sabido que mi hermana es incapaz de mentir, así que si ella sabía algo lo iba decir, seguro, y si no, se le notaría... pero no, por primera y única vez en su vida mi hermana mintió, y mintió impecablemente, no sólo no le dijo la verdad, también le dio datos erróneos, -y bien, si me entero de algo más te aviso, como no, semejante salvajada, quien pudo haber sido...
Un hijo por mis hijas, el hijo de puta pagó.

Esc A12 Dpto 95 el otro

Soy un ser humano.
Los seres humanos somos seres conscientes de sí mismos, reflexivamente ¿conscientes?.
De repente me doy cuenta de que estoy tomando agua.
No suelo tomar conciencia de este tipo de actos; los llevo a cabo, y punto.
El tacto de mi garganta me señala la frescura, blandura y suavidad del líquido.
Soy consciente del movimiento de los músculos de mi garganta al tragar... siento como el agua refresca el no muy largo tubo interno que desemboca en el estómago y siento el movimiento de expansión- recuperación que hice yo-estómago para recibirlo. Pero no puedo saber de donde viene la orden para ese movimiento.
¿Quién da las órdenes para cada movimiento que hago? Supuestamente yo, pero no puedo tomar consciencia de la parte de mí que lleva a cabo ciertos actos.
¿Quién me hace hacer lo que yo hago pero no hago? ¿Otro o yo?

            Da miedo.

Pienso: “quiero levantar esto que está en mi pierna”, ¡y mi pierna lo levanta! Acto seguido me doy cuenta de que yo no le dí ninguna orden a mi pierna para que se levantara, alguien más ser encargó de hacerlo; yo pienso. Él ejecuta. 



La mitad de mi vida es algo de lo que no tengo registro, la gente se acuerda de cosas que dije o hice y de las que no me acuerdo ni un vago fragmento... el otro es un individuo que se apodera de mí en demasiadas situaciones, demasiadas circunstancias... como el día que caí encima de la chica, dicen que caí encima de ella, yo no lo creo, lo que dicen que hice no lo creo, que la golpee y la violé, que me masturbé sobre ella y baile y salté a su alrededor... yo no lo creo, es verdad que cuando la ví pensé que era maravillosa, que sería bueno hacerle el amor como lo haría Alex De Large, con el método ultraviolento, pero estoy seguro de que sería incapaz de hacer algo así, no puedo, simplemente no puedo creerlo.

escalera b52 dpto244 la viuda y su regreso al caos

La vida es una lucha infinita contra el caos pensó mientras observaba desde el sofá, el desorden de la noche anterior. Colillas de cigarrillos y cigarros rebalsando de varios ceniceros, platos y tazas. Cadáveres de bebidas de fuerte gradación alcohólica, algunos envases de gaseosa, y mentalmente recordó las latas de
conserva de frutas ocupando la mesada de la cocina, junto a la licuadora y una montaña de cubiteras y de hieleras. Vasos, copas, tazas y platos de todos los tamaños en cantidades exorbitantes. Además de fuentes y restos de comida y envases desechables de tortas de fábrica.
Rezongaba. El mundo no había terminado de ser una calesita y ya mostraba su rostro menos amable.
Se preguntó por que estaba en el sillón del living y no en su solitaria cama para dos. Era difícil emerger de la oscuridad del sueño profundo, de la intoxicación, se sentía irritada, pero feliz.
Anoche cuando se fueron todos tuve buenas experiencias, casi místicas, inenarrables, cualquiera me creería loca, y sobre todo él.
Se levantó con cuidado, por que el mareo todavía le duraba, y antes de apagar el desierto que había en su interior se dirigió a su habitación, esa que también había sido construida para habitar de a dos. Ahí estaba su hermano, con una nueva novia. Pensar que antes esa cama era un altar y la habitación un templo, donde casi nadie no tenía vedada la entrada.
Vamos, chicos, levántense a desayunar conmigo, hay torta y vodka, y el café se entibia en un minuto, el tiempo suficiente para que se vistan. En el baño de servicio hay cepillos de dientes descartables. (Por favor, no mancillen más  mi altar).
Comieron el desayuno en silencio y los no invitados se fueron, estaban comprometidos a un asado.
Reinició como un ritual su diaria lucha contra el caos, que la asediaba desde chica por todos lados. Disfrutó la tibieza del agua en contacto con su piel y ver como el jabón, tras el paso de su mano, dejaba renacer el brillo de los platos y los vasos.
Devolvió cada cosa al lugar que siempre le convenía para ser retirados de allí cada vez que fuera necesario. Llenó un termo de agua tibia y preparó el equipo de mate. Era un día tibio y brillante, de los primeros que trae la primavera antes de instalarse, las primeras tibiezas después del invierno y era lo que habían estado festejando la noche anterior. En su casa nunca se festejaban fechas importantes, excepto las personales, se festejaba simplemente la alegría cuando alguno de los dos tenía buenas ganas y excusas. Ella había decidido festejar el advenimiento de la primavera y los primeros días de tibieza después de un invierno doblemente crudo y desalmado.
Se imaginó que su novio era un fantasma que se sentaba en la ventana para observarla lavar.
Me voy a llenarme los ojos de verde, a volverme verde y hoja de árbol al parque de la ciudad universitaria.
Domingo de septiembre, mediodía, cielo tibio de un azul todavía tímido y algunas blancas nubes desparramadas aquí y allá.
Sintió los ojos verdes, el alma verde, la piel verde. El reverdecer, llenarse de piel de árbol para sentirse capaz de ingresar en la primavera y recuperarse, saber que era toda hoja nueva para volver a marchitar cuando el tiempo lo indicara. Toda hoja nueva renacida de donde antes cayeran otras hojas, año tras año.
Volver a casa y escribir:

Si alguna vez pudiste sentir el universo en un instante
Sentir la infinitud del universo, y después ser dios. Una milésima fracción de dios, para alcanzar a percibir tanto como es dado percibir a un ser humano.
Dios es el infinito multiplicado por sí mismo. Dios es todas las cosas que nos habitan y no podemos ver, todos los componentes que existen en el mundo que a su vez se descomponen en cosas más pequeñas y que jamás tendremos aparatos para ver.
Dios es todo lo que hay más allá de las fronteras del cielo, y del infinito.
Dios no impone reglas para vivir entre hombres. Su única regla es existir.
Dios existe por que existe la vida, y la muerte.
La vida que se come a sí misma para seguir existiendo. La muerte que se come la vida para dejar nada allí donde antes había, y eso también es Dios. Un cúmulo infinito de partículas existiendo,  comiendo  y pariendo  partículas. Apareciendo y desapareciendo. Dios es la vida y la muerte en su eterno movimiento. Todo lo que es y deja de ser para aparecer de otra manera. Dios es algo incomprensible e incomunicable.
Cuando pudiste sentir lo ilimitado solo por un instante...

Lo que yo quiero de vos es tu espíritu, ahora que ya no nos queda cuerpo. Lo que yo siempre quise de vos es que las imágenes de mi alma se imprimiesen en tu alma, y que mi alma se llenara de la tuya. Lo que yo espero para otra vez es que nos encontremos, y ya no seamos humanos ni peores que humanos, que nos hayamos acercado un poco más a dios. Que no te escapes tan rápido de mis brazos, que ahora son los tuyos, los únicos que te quedan.
Y escribir: entonces sueño que soy una piedra y vos un río, que cae como una catarata y se sumerge en mí que soy la piedra para después alzarse en el aire y volver a caer eternamente después de haber sido absorbido por mí, después de haberme traspasado como el agua a la arena, después de haberte descompuesto en infinitas gotas que atravesaban mi materia para reconstruirte como río y volver a caer en mí .
Volver a casa y escribir: por favor, volvé.



Prender el viejo pasacasette, pasado de moda y casi sin uso y escuchar al querido Silvio y recordar la noche en que se casaron en privado, “quiero amor, quiero amor, quiero amor compartido”. La luz del baño iluminando suavemente. La mirada intensa llena de alma intentando superar los límites del cuerpo, intentado unirse más allá de la materia. Y al final, sólo humanos.
Una caricia al corazón y se entristece el alma, el verde se vuelve cada vez más amarillo.
Dónde estás, dónde estás querido. Y este deseo irreductible de ir detrás de él, de abandonarlo todo y seguirle, contra toda lógica, contra toda razón. Quererlo siempre.
No me dejaste nada, ni los hijos que pedimos, ni un solo segundo de sentir en mi alma las imágenes que nacían en la tuya. Para esto las palabras no bastan, son un mero remedo de lo que pasa allá adentro, una caricatura, un fantasma, como vos, que merodeas todas tus cosas, que eran nuestras, por que yo te reinvento.
Quizás nunca deje de sentir este vacío. Esta nada dulce que todo lo impregna. Esta tibia tristeza que no es negra por que una vez te tuve, antes de perderte para siempre.
Salir de estas ensoñaciones y mirar alrededor para no ver más que cosas. El pequeño imperio que fueron construyendo y que cada día creaba su propio microcaos. La pequeña guerra cotidiana librada contra el caos y la muerte para seguir viviendo, para seguir existiendo, resistiéndose a la necesaria limitud del individuo, tratando de perpetuarse siempre y ser eternos. Lo imposible. Solo humanos, y al fin, baja los brazos.
Ni el truco de llenarse de verde, ni de tóxicos, ni de sentirse livianamente feliz y mística la rescatan de la tristeza, del vacío, de la ausencia.
Me voy tras él.

La búsqueda


Se levantó temprano y desayuno en silencio. Se lavó los dientes y la cara, se peinó, se miró al espejo. La ropa no le podía quedar peor, aunque buena y con poco uso, no se ajustaba a su cuerpo. Había sido usada por otra que la había descartado pronto por pasar de moda.
Se puso el abrigo y caminó rumbo al centro. Apenas amanecía, pero llegaría poco antes de las ocho y media a la sede del diario, donde entregaban gratis los clasificados. Hacía ya casi un año buscaba trabajo, y aunque había perdido algunas semanas en capacitaciones no había quedado en ningún lado, claro, muchas de estas capacitaciones estaban pensadas para que la gente no quedara; como el caso de una prestadora de medicina prepaga que ponía objetivos de venta inalcanzables. Entonces sentía que lo que fuera que se necesitara para vender por teléfono, no lo tenía. Tendría que buscar un escalón más abajo… si ventas no, entonces limpiar, o cadetear, o folletear… aunque ya se hubiera pasado la edad para algo así. Una carrera en el bolsillo y sus aspiraciones cada vez más pobres. Pero había que ganarse la comida urgente o su parienta no podría aguantarla mucho más bajo su techo.
Había caído en desgracia, todavía no sabía como la mala suerte había empezado a golpear fuerte, y menos aún sabía cuando acabaría aquello, si es que acababa.
Lo había tenido todo, una casa grande con patio, su familia, estudios, actividades extracurrículares... Con la ruptura de su familia de origen acaeció la primera gran crisis de su vida, pero encontró quienes le echaran una mano y al final se acomodó tan bien que hasta pudo seguir echando manos a sus amigos cuando lo necesitaban… tenía un laburito de pocas horas y poco pago, pero era gasolera y no necesitaba demasiado.
La segunda gran crisis vino con la de todos y fue económica, con el país en crisis perdió el trabajo y se quedó “en la pampa y la vía” o “con una mano atrás y otra delante” (tantas veces escuchó ese término sin imaginarse nunca que un día lo iba a usar en relación a sí misma). Había vivido en una casa tomada y comer carne era un gusto que se daba una vez por semana y aveces menos. Había adelgazado tanto que hasta había cambiado su ciclo menstrual, ahora en vez de ser de 5 días era de 2.
Cuando las cosas mejoraron un poco, una tía suya le pidió que fuera  a vivir con ella… nos hacemos compañía, tenés techo y comida y me hacés algunos de esos cuadritos lindos que hacés vos… le había dicho su tía. Y que alegría buscar trabajo por la mañana y embellecer a su tía en retratos inverosímiles por la tarde… y agarrar los trabajitos que sea para ganar una moneda acá y otra allá. Algunos días, agarraba sus herramientas y se iba al centro, a tratar de hacer un par de retratos por un billete… con eso solía alcanzarle para un atado de puchos y algunos víveres para la semana, no le gustaba no tener nada para aportar a la alacena de su tía.
La cosa estaba dura. Podía ver los rostros de siempre entristecidos y macilentos. El desaliento era general.
Pero no se quejaba y sonreía tanto como podía. Sin demasiado ánimo ni convicción imprimía currículum tras currículum, los repartía, asistía a entrevistas laborales y a las dos de la tarde calmaba el hambre con un poco del pan que hacían con su tía. Más tarde emprendía el regreso a casa, a pie.
Esto no puede seguir siempre así, pensaba… y le sonaban las palabras de su amiga del alma "no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo aguante, las probabilidades indican que tu suerte tiene que mejorar". Y eso le daba un pequeño aliento… y así siguió… 

martes, 20 de marzo de 2012

Esc B56 Dpto 255 Devenida pobre

En el barrio se escuchan de día y de noche voces y gritos de mujeres y niños, motores generalmente lejanos, ladridos, y en mi balcón, el balanceo de un llamador de ángeles.
Una vez en la calle la cosa es menos agradable, pero no por ello menos lleno de vida.
Basura y bosta de perro en la vereda y la calle. Olor a podredumbre y cloacas.
Grandes charcos de agua podrida.
Todo me hace acordar a  mi antiguo barrio, barrio de ricos, igualmente saturado de cloacas (el mismo olor pestífero en el ambiente). “Los ricos también cagan feo” solía pensar, aunque en contraste con las casas tan suntuosas hacía que la mierda oliera peor. Pero claro, la diferencia entre los barrios de ricos y mi barrio- monoblock, es que acá el monoblock está lleno de vida, de gritos de mujeres, de peleas de chicos, de música que suena fuerte desde todas las ventanas, de tipos en la calle que se toman una coca, una cerveza. la diferencia es que acá se vive en todas partes, rebalsamos humanos. En los barrios ricos hay silencio, sólo se reconoce la vida en las fachadas de las casas, en el olor de la alcantarilla...
y a mí me gusta más, me siento menos sola que allá, donde tenía esa casota tan grande y tan pétrea toda para mí sola, con ese jardín enorme y nada a mi alrededor, donde él podía venir y espiarme, gritarme, golpearme y nadie decía nada, y acá, ahora, no se anima ni a entrar. 

Tardes de otoño, porros y corridas




Ellos están ahí, en el frente de su casa, que es un espacio verde rodeado de edificios bajos, los clásicos monoblocs.  Ahí se juntan siempre, son los marginales, delincuentes, drogadictos, trabajadores precarios y mal pagos… y sus esposas, dependientes, pluriparidoras, que gastan sus días en cuidar a sus hijos… sin otra manera de crecer, se nutren de programas de tv basura, llenos de chismes baratos y las más de las veces inventados, o de telenovelas que revelan lo peor del ser humano.
Ellos están ahí, como siempre. Y como siempre llega la cana y los corre a tiros, sin importarle los niños jugando. Siempre se llevan a alguno, por alguna razón que uno empieza dudar de que sea casualidad se llevan a los mejores, a los que trabajan mucho por poco.
Y claro, ellos reaccionan, los que están guarecidos en sus casas y las mujeres les tiran piedras y botellas a la poli, los hombres huyen, se disgregan.
Los más niños lloran, todavía no se acostumbran a ese remolino que se arma cada vez que llegan los  uniformados, sin importar la hora que sea. Pero ya se van a acostumbrar. Cuando sean más grandes sus juegos van a consistir en huir de la cana, en tirarle piedras y botellas en esta lucha perpetua de pobres contra pobres, todos queriendo pertenecer al cada vez más reducido mundo de los privilegiados. Alrededor, en los departamentos que no están llenos de ladrones o de transas,vive gente que trabaja también mucho por poco, también soñando pertencer al mundo de los “in”, de los “vip”, también nutriendo sus mentes de programas basura y novelas baratas, pero que odian a los “malos vecinos”, porque les roban, porque afean el barrio, porque los exponen, por que la dan mala fama al barrio, porque son escoria y no gente, porque cada dos por tres hay un enfrentamiento con la policía. Y encima “estos negros de mierda” que le tiran cosas a la yuta.
Y la policía responde, claro, a los improvisados proyectiles con sus proyectiles institucionales, una comedida grita desde una ventana “pará que están los chicos”, extrañamente el policía se controla… se va, seguido de insultos, mientras una de las gordas flojas intenta tirarle cascotes y lo baña de improperios.
Los más chicos se quedan llorando, asustados. Los consuelan las chicas que todavía no son madres, jóvenes tías que no tardarán en unirse al ejército de las paridoras, con vidas tan vacías que las llenan de nada, de detalles concretos que no pueden aglomerar en un todo, para hacerse una idea cabal de su realidad. Con un aletargamiento mental que es producto de siglos de dominación y sojuzgamiento, de expropiación y violencia.

lunes, 19 de marzo de 2012

Hasta en los días soleados

Es una plaza de barrio periférico típica. En los días soleados se juntan los niños a jugar en ella, a los más chicos los llevan sus mamás con algunos juguetes. Hay un arenero y algunos juegos desvencijados: el clásico tobogán, un subibaja doble con las tablas rotas, unas hamacas triples con la cadena de uno de los asientos cortados.
Esta es una tarde soleada. La plaza ha sido hoy muy concurrida, pero ahora, quedan pocos niños jugando en ella.
Un poco más allá de la zona de juegos, debajo de los árboles, hay un grupo de adolescentes fumando unos porros. Son las seis de la tarde.
Estos adolescentes se conocen desde siempre pues se han criado juntos en este barrio. Han ido a la misma escuela, han compartido juegos y peleas, son del mismo equipo de fútbol. Por alguna extraña razón hinchar por un equipo de fútbol los une, los hace sentir que pertenecen a un grupo. En este caso es el grupo de los desposeídos. Estos chicos no han terminado el secundario, en su mayoría. Algunos trabajan y otros ratean, o directamente, roban.
Robar para ellos no tienen nada de especial… como dice una canción de un grupo de rock sobre un chico probablemente muy parecido a estos: “no le robaba nunca nada a nadie, a nadie en especial”.
Es una tarde apacible. Los chicos se juntan como siempre a fumar porro en la plaza, en su plaza. Nadie tiene derecho a decirles nada, se han ganado su lugar a fuerza de frecuentarlo, y respetarlo. Nunca se molesta a los vecinos que pasan, ni a los niños que utilizan los juegos.
Es cierto que algunos de estos juegos están rotos. Y que fueron ellos quienes los rompieron, o bien jugando cuando niños, o bien jugando cuando un poco más grandes, alguna noche de desenfreno, drogados o borrachos. Pero también es cierto que no joden a nadie, o al menos eso creen.
Claro, que eso creen ellos, pero esa creencia no es compartida por la gente del barrio, los padres de chicos adolescentes que están un poco más incluidos en el sistema, esos chicos que pudieron terminar la escuela a duras penas y algunos incluso ir a la universidad. O los padres de los niños más pequeños, esos que van a retozar en los juegos y que miran de lejos y con ojos de asombro a los niños más grandes, esos adolescentes que se creen hombres, porque trabajan o roban, porque saben que la vida es dura y no es sólo juego. Porque intuyen que es injusto que les haya tocado quedar fuera.
A los padres de los niños, no de estos párvulos que fuman porro, si no los de los pequeñines que juegan con los juegos, no les importa nada lo que piensen estos chicos, a los que ni siquiera ven como chicos si no como delincuentes. Ladrones y drogadictos. Lacra social. No son niños en riesgo, son criminales. No son niños con derechos vulnerados, son vulneradores de derechos. Son hombres. Y merecen ser tratados como tales. Ser castigados.
No les importa a estos padres de donde vienen estos niños, ni porque les toca estar donde les toca. No se enteran de lo reconfortante que es para ellos juntarse todos, ser los mismos de siempre, y compartir un porro, una pastilla azul, una gaseosa. Contarse lo que hicieron el fin de semana, casi la única parte de sus vidas que vale la pena. Gastarse por saber quién es el que más se la aguanta en la cancha, quien es el hincha más perro, quien el más valiente.
A estos padres les molesta el ejemplo que les están dando a sus hijos. El riesgo que corren sus hijos. Y por eso han pedido más policía; para sentirse seguros.
Ahora bien, ¿Qué son los policías en esta ciudad? Son perros guardianes de los ricos. Y son coimeros y ladrones. Y mafiosos. Todo el mundo lo sabe.
Pero la pobreza creciente, y la enorme brecha entre ricos y pobres y la forma de plantear e incrementar los casos de delincuencia de los medios, aumentan en la gente la sensación de inseguridad. También es cierto que la gente no quiere pensar. Entonces acepta lo que dicen los medios. El pensamiento más fácil y superfluo de todos: ¿Mientras ocurría el crimen dónde estaba la policía? Entonces… se llega a la conclusión lógica: hace falta más policía.
Y ahí están, los chicos de siempre, tratando de hacerse hombres. No todos lo lograrán. Ahora, mientras hay todavía un par de niños en el arenero, con sus madres tomando mate, y están los chicos de siempre fumando churros bajo los árboles, llega rápidamente un patrullero y de él se baja el primer poli, con una Ítaca en la mano y muchas ganas de usarla. La madre de uno de estos niños se da cuenta de esta actitud, y agarrando a su hijo y al de su amiga de las manos los arrastra lejos, en dirección a su casa. No sabe qué puede pasar, pero habiendo armas de por medio lo mejor es huir, su amiga la sigue aunque quisiera quedarse a ver qué pasa.
Los polis se bajan y con mucha prepotencia, empujan a los chicos contra el móvil para hacerles una requisa.  Los chicos protestan, “no estamos haciendo nada, tomando algo, charlando, no molestamos a nadie” “eso lo decidimos nosotros” contestan los canas. Uno de ellos no se deja requisar, empiezan a pegarle, el hermano se interpone. Otro de los chicos sale corriendo, tiene mucha droga encima como para que lo agarren, el fue a hacer la compra y todavía no hicieron la distribución de bienes… el poli lo ve y apunta, enfurecido,  dispara dos veces, una en dirección al niño, otra un poco más arriba.
El muchacho cae en la vereda, a su alrededor, una mancha de sangre crece lentamente.
Casi una cuadra más allá corren la madre que había huido de la escena con su hijo y el amiguito de su hijo y la madre de éste, que deja de correr.  Los chicos se detienen, ella también. Un hilo de sangre corre por la cien de su amiga. La mujer siente un escalofrío y mira con horror la mancha azul que se ve a lo lejos…
Media hora después una ambulancia recoge los cuerpos de dos víctimas fatales más de la inseguridad que se vive, cada día más, en los barrios periféricos de cualquier ciudad altamente poblada.